jueves, 28 de octubre de 2010

Siete letras. Entrada número1.



La primera vez que entré en el despacho estaba desesperada. Nada quedaba de lo que era antes. No era, por así decirlo, ni la sombra de la sombra de mi sombra. Algo enferma, muy muerta. Mis ojos solo veían desde hacía mucho tiempo la luz de las estrellas, mi boca solo sentía el gusto amargo de la cocaína, mi nariz ya no olía nada. Hacía un mes que no me drogaba y el mono era impresionante. Llegué allí sin saber muy bien lo que hacía, sin saber que diría, que me dirían. No quería sentirme juzgada. Me daba pánico el hecho de contar mi problema, pero sobretodo me daba pánico afrontarlo. Llegó la hora temida, entré en el despeacho y Borja me ofreció sentarme en una silla. Me miró, le miré, lloré. Soy drogadicta. Él me puso deberes: Llista de contingències positives de no consumir. Llegué a mi casa hecha un flan, ¿Podía realmente decir algo positivo sobre no consumir? Me compré una libreta rosa, estuve dos días dandole vueltas al tema, sin escribir nada. El tercer día me desperté con una frio tremendo, llovía. Salí a la terraza de mi casa. Olí el olor de la lluvia, el olor de la tierra mojada, de la ropa tendida empapada. Entré en mi habitación, sin pensar, abrí la libreta y empecé a escribir. Me salieron 17 razones positivas de no consumir. Llamé a mi madre y a mi novio por teléfono, ese día me convertí en una persona algo enferma, muy viva.